Comprar un mini PC o un portátil y montar la ruta USB por la que trabaja la tarjeta.
El segundo PC ejecuta el software y habla con la tarjeta, y no necesita tarjeta gráfica. Lo que sí necesita es un puerto USB 3 trasero en un controlador que no comparta ancho de banda, y eso importa más que la CPU. Estas páginas cuentan cómo comprarlo y cómo conectarlo bien.
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Un segundo PC para DMA necesita puertos USB 3 traseros en un controlador decente, una CPU rápida en un solo hilo, 16 GB de RAM y un SSD. Ni los núcleos de más ni una GPU dedicada aportan nada: las máquinas de clase N100/N150 valen para montajes solo de radar y las de clase Ryzen móvil, para overlay y captura.
Un portátil con USB 3 nativo, 16 GB de RAM y refrigeración suficiente para lecturas sostenidas sirve como segundo PC para DMA. Conecta la tarjeta a un puerto integrado, nunca a un hub ni a un dock, y desactiva la suspensión selectiva de USB con batería y con corriente antes de fiarte del enlace.
El USB es un árbol: cada controlador host alimenta un hub raíz, y todos los hubs externos, docks y conectores frontales que cuelgan de él comparten su ancho de banda. El sitio de una tarjeta DMA es un puerto trasero cableado a un hub raíz, sin nada más compitiendo en ese controlador.
La mayoría de los montajes DMA no necesitan enlace de red: solo lo piden un KMBox Net, un radar que se ve en el navegador, o flashear y controlar el equipo en remoto. Para esos casos, un cable Ethernet con direcciones fijas en una misma subred es la vía fiable más sencilla; pruébala con ping antes de culpar al software.
El segundo PC necesita una pantalla, y se elige por cómo vas a leer los datos durante una partida y no por la calidad del panel. Sirven un monitor portátil pequeño, un monitor que te sobre, un conmutador KVM, un móvil con un radar web o el escritorio remoto sin pantalla.